Un año que nos recordó quiénes somos y hacia dónde vamos
Hay años que no solo se viven, se sienten. Años que no pasan de largo, sino que dejan huella en la memoria colectiva de un país. El 2025 es uno de esos años. Para la Fundación Usos, Costumbres y Tradiciones de los Pueblos del Mundo, A.C., este periodo se convirtió en una afirmación profunda de identidad, en un ejercicio real de diplomacia social y en una demostración clara de que la grandeza de México nace desde sus comunidades indígenas.
Este mensaje está dirigido a quienes toman decisiones, a quienes ocupan cargos públicos, a las instituciones y, sobre todo, a las personas que aún creen que el amor por el prójimo puede y debe transformarse en acciones concretas. A quienes saben que ayudar no es un favor, sino una responsabilidad ética y humana.

Bajo el liderazgo profundamente humano del Dr. Javier Rodea, la Fundación consolidó en 2025 una red de impacto que unió deporte, cultura, educación y diálogo institucional, colocando a los pueblos indígenas no como espectadores, sino como protagonistas del presente y constructores del futuro.
El deporte como lenguaje universal de esperanza
En muchas comunidades indígenas, el deporte no es solo juego; es refugio, disciplina, identidad y sueño. Durante 2025, la Fundación convirtió las canchas en espacios de transformación social, donde niñas, niños y jóvenes encontraron algo más que entrenamiento; encontraron confianza en sí mismos.

La Olimpiada Nacional e Internacional Indígena 2025 marcó un antes y un después. Boxeo, fútbol, voleibol y lima lama se encontraron en un mismo espacio de respeto y fraternidad. La visita de Eduardo Nájera, exjugador de la NBA, fue un momento profundamente simbólico; su presencia recordó que los sueños que nacen en tierra humilde también pueden llegar muy lejos sin perder la esencia.
La Copa Horacio Llamas 2025 y las Clínicas de Basquetbol en Tehuacán, Puebla, fortalecieron el semillero deportivo y humano del país. En Santa María Atzompa, Oaxaca, y en Xalapa, Veracruz, el camino “Rumbo al Nacional” encendió la pasión y la disciplina en cada encuentro. Mientras que en Durango, la Copa General Francisco Villa reafirmó el compromiso con el norte del país, con la presencia del Embajador de la Identidad, Víctor Ávila, como símbolo de orgullo y unidad nacional.

Liderazgo con causa: reconocimiento y diplomacia social
El impacto del trabajo comunitario no pasó desapercibido. En 2025, el Dr. Francisco Javier Rodea Pérez recibió el Doctorado Honoris Causa, un reconocimiento que no celebra a una persona, sino a una trayectoria de servicio, coherencia y compromiso con los pueblos originarios.

La participación en el evento “Cultura por la Paz – Embajador de la Paz” en la Ciudad de México, evidenció que la paz no se decreta; se construye con diálogo, respeto y justicia social.
Uno de los momentos más significativos del año ocurrió el 27 de agosto, cuando el Dr. Rodea, como vicepresidente de Gobierno Indígena Nacional, sostuvo un diálogo directo con la Ministra Lenia Batres, de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Este encuentro simbolizó un paso firme hacia una relación más justa entre el Estado mexicano y los pueblos originarios, basada en el reconocimiento y la escucha activa.
Alianzas que siembran futuro en los territorios

El desarrollo sostenible solo es posible cuando se construyen alianzas con visión de largo plazo. En Pachuca, Hidalgo, durante el Tianguis Nacional de Pueblos Mágicos, la firma de un convenio estratégico abrió nuevas oportunidades para impulsar el desarrollo cultural y económico de las comunidades indígenas, mostrando al mundo que nuestras raíces no son pasado, sino una poderosa oportunidad de futuro.
El arte que resguarda el alma de los pueblos

La cultura es memoria viva. En la Ciudad de Oaxaca, el Concurso Nacional de la Canción en Lengua Originaria 2025 permitió que las lenguas maternas y las melodías ancestrales resonaran con fuerza. Cada voz fue un acto de resistencia amorosa, una afirmación de que mientras se cante en lengua originaria, un pueblo sigue vivo.

En este marco de celebración, destacó la participación del tenor oaxaqueño Luis Adrián, quien se ha consolidado como un verdadero Embajador de la Identidad. Su presencia en los eventos más significativos del año, incluyendo la emotiva gala del IX Aniversario de la Fundación, elevó el espíritu de nuestra causa. Con interpretaciones magistrales en lenguas originarias, como su emblemática ejecución de “Muxe”, Luis Adrián no solo demostró su excelencia vocal, sino su compromiso inquebrantable con sus raíces, recordándonos que el arte es la herramienta más poderosa para la diplomacia social.
Compromiso social que trasciende los eventos
Más allá de los reflectores, la Fundación mantuvo activos sus programas permanentes. La seguridad alimentaria, a través de granjas de pollos y despensas, brindó estabilidad a familias enteras. Guardianes de la Tierra conectó a la juventud con la reforestación y el cuidado del entorno. Y las celebraciones ancestrales, con talleres de cartonería y tradiciones, aseguraron que la sabiduría de los abuelos siga caminando con las nuevas generaciones.

Un llamado desde el corazón de México
El 2025 nos deja una lección clara: cuando la identidad se respeta, la transformación es posible. Desde las canchas hasta los espacios de justicia, desde el arte hasta la diplomacia, la Fundación Usos y Costumbres ha demostrado que el verdadero desarrollo nace del reconocimiento del otro. Este es un llamado a sumar voluntades, a mirar a las comunidades indígenas no desde la carencia, sino desde su inmensa riqueza humana, cultural y espiritual.
Gracias a quienes creen, acompañan y caminan con nosotros. La identidad está en movimiento, y México avanza con ella.



