Cuando una vida se convierte en raíz
Hay personas cuya partida no es un final, sino un llamado. La despedida de Gerardo Taracena nos deja un silencio profundo, pero también una responsabilidad compartida; cuidar aquello en lo que él creía. Gerardo entendía el arte no como un privilegio, sino como un derecho; no como espectáculo vacío, sino como un lenguaje capaz de sanar, nombrar y dignificar a los pueblos.
Hoy escribimos desde el corazón de “Raíces en Movimiento“, para honrar su memoria y para hablarle a todas las personas de México que sienten un amor genuino por sus semejantes, y que saben que ayudar a las comunidades indígenas es también ayudarnos como nación.

El arte como acto de dignidad
Gerardo Taracena fue reconocido por su fuerza actoral y su presencia en el cine nacional e internacional. Sin embargo, su legado más profundo no se limita a la pantalla. Él creía que el arte debía volver a su origen: la comunidad, la memoria y la identidad.
Por eso aceptó caminar con nosotros como “Embajador de la Identidad Cultural”, convencido de que las historias indígenas debían ser contadas por sus propias voces, con sus propios lenguajes y desde su propia mirada. Para Gerardo, cada joven indígena con una historia que contar era una posibilidad viva de transformación social.
Un proyecto que nació del compromiso colectivo
La idea del Primer Concurso de Cortometraje Indígena y Talleres Actorales no surgió como un proyecto aislado. Fue el resultado de diálogos profundos, de sueños compartidos y de una visión clara; crear oportunidades reales para que el talento indígena encuentre herramientas, escenarios y acompañamiento.
Este proyecto es impulsado desde el liderazgo del Dr. Javier Rodea, presidente de la Fundación Usos y Costumbres, quien ha sabido unir liderazgos de primer nivel, sensibilidad social y una visión estratégica que coloca a la identidad en el centro del desarrollo. Su capacidad para convocar voluntades, artistas y aliados ha sido clave para construir puentes entre la cultura, la gobernanza y la transformación comunitaria.
A este esfuerzo se suma con profundo agradecimiento nuestro amigo y compañero, el actor oaxaqueño Bernardo Ruíz, Embajador de la Identidad, quien ha colaborado activamente en el diseño conceptual y formativo del proyecto. Su compromiso con las comunidades, su experiencia artística y su amor por Oaxaca han sido fundamentales para darle forma a esta iniciativa que hoy, más que nunca, nos interpela.
Cuando la ausencia se transforma en promesa
La partida de Gerardo Taracena nos obliga a detener momentáneamente la ejecución del concurso y los talleres. No es una decisión sencilla. Pero lejos de apagar el proyecto, su ausencia lo vuelve más urgente.
Hoy afirmamos con claridad; la memoria de Gerardo nos compromete aún más a consolidar este proyecto. Lo que estaba pensado para realizarse con él, ahora se convierte en un acto de homenaje vivo. Cada taller, cada cortometraje, cada joven que encuentre su voz artística será una forma de decir, seguimos aquí, no lo olvidamos, y lo honramos.
Un llamado a quienes aman profundamente a México
Este mensaje es para ti, que sientes que algo duele cuando una comunidad es olvidada. Para ti, que crees que la cultura indígena no es pasado, sino presente y futuro. Para ti, que sabes que ayudar no siempre significa dar cosas, sino abrir caminos.
El arte indígena necesita aliados conscientes, corazones solidarios y manos dispuestas a construir. Necesita personas que comprendan que cuando un joven indígena cuenta su historia, toda la nación se escucha a sí misma.
Seguir caminando con raíces firmes
Desde la Fundación Usos y Costumbres, reafirmamos nuestro compromiso con la identidad, la cultura y la dignidad de los pueblos originarios. Honramos a Gerardo Taracena no solo recordándolo, sino continuando aquello que nos enseñó: que el arte es un acto de amor profundo por los demás.
Agradecemos el liderazgo del Dr. Javier Rodea, la colaboración generosa de Bernardo Ruíz y la confianza de todas las personas que creen que otro México es posible cuando se construye desde sus raíces. Gerardo ya no está físicamente, pero su espíritu sigue en movimiento. Y mientras haya una historia indígena por contar, su legado seguirá vivo.
Porque las raíces no mueren: se transforman en futuro.




