Nueve años sembrando futuro a través del deporte y la identidad
Hay historias que no se miden en cifras, sino en miradas. En sonrisas que vuelven después de mucho tiempo. En niñas, niños y jóvenes que descubren que su origen no es un límite, sino una fuerza. Así se ha construido el camino de la Fundación Usos y Costumbres, una historia que en 2025 y en este inicio de 2026 se reafirma como uno de los esfuerzos sociales y deportivos más sólidos y transformadores del país.
Desde sus raíces, la Fundación nació con una convicción clara; defender la identidad, fortalecer el tejido social y abrir oportunidades reales para las comunidades indígenas de México. Hoy, después de más de nueve años de trabajo constante, esa convicción se ha convertido en resultados que hablan por sí mismos.
Más de 40 mil historias que encontraron un camino
Durante el 2025 y el inicio de este 2026, la Fundación, ha logrado algo que pocas organizaciones sociales pueden afirmar con legitimidad; la participación de más de 40 mil niñas, niños y jóvenes en las etapas pre nacionales de las olimpiadas deportivas.
Este alcance no es menor. No solo supera a muchas fundaciones similares, sino que incluso rebasa el impacto operativo de diversas instituciones deportivas gubernamentales. Y no se trata de una competencia, sino de una realidad que evidencia lo que ocurre cuando el compromiso social, la cercanía con las comunidades y la visión a largo plazo se alinean.
Cada niña y cada joven que participó representa una historia distinta: comunidades rurales, pueblos originarios, contextos de marginación donde el deporte se convierte en una herramienta de esperanza, disciplina y pertenencia.
El deporte como lenguaje universal de dignidad
Para la Fundación Usos y Costumbres, el deporte nunca ha sido solo una actividad física. Ha sido y sigue siendo, un lenguaje universal que comunica valores, disciplina, identidad y dignidad.
A través de torneos, olimpiadas comunitarias, procesos pre nacionales y actividades sociales, el deporte se ha convertido en un puente entre generaciones. Un espacio donde las niñas y los niños aprenden a confiar en sí mismos, donde los jóvenes descubren liderazgo, trabajo en equipo y visión de futuro.
En comunidades indígenas, este impacto es aún más profundo. El deporte ayuda a reconstruir el orgullo por las raíces, fortalece la cohesión social y ofrece alternativas reales frente a contextos de riesgo, abandono institucional o falta de oportunidades.
Nueve años de trabajo que hoy dan frutos
Nada de esto ocurrió de manera espontánea. Detrás de los logros de 2025 hay más de nueve años de trabajo ininterrumpido, de caminar en las comunidades, escuchar a líderes locales, dialogar con autoridades, construir confianza y sumar voluntades.
La Fundación Usos y Costumbres ha aprendido que el verdadero desarrollo social no se impone; se construye junto a las comunidades. Por eso, cada actividad deportiva y social parte del respeto a los usos, costumbres e identidad cultural de los pueblos indígenas.
Esta constancia ha permitido crear una estructura sólida, con experiencia territorial, credibilidad social y capacidad organizativa. Una base que hoy hace posible impactar a decenas de miles de niñas, niños y jóvenes en todo el país.
El liderazgo que guía y da sentido
Detrás de este proceso sostenido de crecimiento y credibilidad institucional existe un liderazgo que ha sabido unir visión, identidad y acción. El Dr. Javier Rodea, presidente de la Fundación Usos y Costumbres, ha desempeñado un papel clave en la consolidación de este proyecto social y deportivo a nivel nacional. Su liderazgo se ha caracterizado por una profunda empatía con las comunidades indígenas, una visión estratégica de largo plazo y la capacidad de convocar voluntades diversas en torno a un mismo propósito: dignificar a las personas a partir de sus raíces. Más que dirigir, ha sabido inspirar, impulsando modelos de trabajo donde el deporte, la cultura y la identidad se convierten en herramientas reales de transformación social.
La suma de esfuerzos como motor de transformación
Uno de los grandes aprendizajes de este camino es claro; cuando los esfuerzos se suman, el impacto se multiplica.
El trabajo de la Fundación se ha fortalecido gracias a la colaboración con comunidades, entrenadores, familias, voluntarios, líderes sociales y aliados estratégicos que creen en un México más justo e incluyente.
Sin embargo, el potencial es aún mayor. Si más instituciones, entidades, “empresas socialmente responsables” y actores públicos decidieran sumar capacidades, recursos y voluntad, miles de niñas, niños y jóvenes más podrían encontrar en el deporte una oportunidad de vida. Este no es solo un llamado institucional; es una invitación ética y humana.
Un llamado a quienes aman a México y a su gente
Este mensaje está dirigido a instituciones, líderes políticos, empresariales, sociales y en general a todas las personas de México que sienten un profundo amor por sus semejantes. A quienes saben que el verdadero progreso no se mide únicamente en infraestructura, sino en oportunidades para quienes menos tienen.
Apoyar el deporte en comunidades indígenas es apostar por la prevención, por la paz social, por la identidad y por el futuro del país. Es reconocer que cada niña y cada joven acompañado hoy es un adulto con más herramientas mañana.
La Fundación Usos y Costumbres ha demostrado que sí se puede. Que con visión, empatía, liderazgo y trabajo sostenido es posible generar impactos reales y medibles.
Raíces firmes, movimiento constante
En este inicio de 2026, la Fundación mira hacia adelante con gratitud y responsabilidad. Gratitud por las más de 40 mil historias tocadas recientemente y por los nueve años de camino recorrido. Responsabilidad porque el reto continúa.
Cuando las raíces se honran y se mueven con propósito, México avanza. Y mientras haya niñas, niños y jóvenes que encuentren en el deporte una razón para creer en sí mismos, la Fundación Usos y Costumbres seguirá caminando, sembrando y transformando.
Porque el verdadero triunfo no está en las medallas, sino en las vidas que cambian para siempre.




